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¿Qué es la simbiosis industrial y cómo puede beneficiar a las empresas?

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En la naturaleza no existe el concepto de “residuo”. Todo lo que una especie descarta, otra lo aprovecha. Esa cooperación constante mantiene el equilibrio de los ecosistemas. ¿Y si las empresas hicieran lo mismo? Esa es precisamente la base de la simbiosis industrial, una forma de colaboración que está transformando la manera en que producimos, consumimos y gestionamos los recursos.

La idea no es nueva: las abejas obtienen néctar de las flores y, a cambio, las polinizan. Ambas especies ganan. Aplicado al sector productivo, el objetivo es idéntico: que el residuo de una industria se convierta en materia prima para otra, creando un ciclo económico sin desperdicio.

¿Qué es la simbiosis industrial?

La simbiosis industrial es una estrategia colaborativa que permite a diferentes empresas compartir recursos —ya sean materiales, energía, agua o información— para optimizar sus procesos y reducir su impacto ambiental. En otras palabras, es aprovechar lo que a una empresa le sobra para que otra lo use.

Este modelo contribuye de forma directa a los objetivos de la economía circular, ayudando a cerrar el ciclo de vida de los productos y minimizar el uso de materias primas vírgenes. Además, es una herramienta clave para la descarbonización y la eficiencia energética en el tejido industrial.

Su principio es simple: donde antes había residuos, ahora hay nuevas oportunidades. Si una fábrica genera vapor sobrante, ese calor puede usarse en otra instalación cercana; si una empresa del sector agroalimentario produce restos orgánicos, estos pueden transformarse en biogás o compost.

Pero más allá del ahorro económico, la simbiosis industrial impulsa una mentalidad de cooperación y de innovación. Las empresas dejan de actuar como entes aislados y comienzan a construir redes sostenibles que fortalecen la competitividad colectiva.

Beneficios clave de la simbiosis industrial

Adoptar este modelo ofrece múltiples ventajas para las empresas, tanto económicas como ambientales y sociales. Entre los beneficios más importantes destacan:

  • Reducción de residuos: se minimiza la cantidad de desechos que acaban en vertederos, favoreciendo el objetivo de residuo cero.
  • Ahorro de recursos naturales: disminuye la demanda de materias primas, energía y agua.
  • Disminución de emisiones: contribuye a la reducción de gases de efecto invernadero y contaminantes.
  • Nuevas fuentes de ingresos: las empresas pueden vender sus subproductos a otras.
  • Eficiencia e innovación: al optimizar procesos, se impulsa la creatividad y el desarrollo de nuevas soluciones.
  • Relaciones de proximidad: fomenta la colaboración local y fortalece las cadenas de valor territoriales.

En resumen, la simbiosis industrial no solo mejora la sostenibilidad, sino que genera un retorno económico real, convirtiéndose en una herramienta poderosa para la competitividad empresarial.

Ejemplos y casos de éxito de simbiosis industrial

Los ejemplos de simbiosis industrial son cada vez más numerosos, tanto en Europa como en España, y demuestran que esta colaboración funciona.

En el contexto europeo, el caso más emblemático es el del polígono industrial de Kalundborg, en Dinamarca. Fundado en 1970, es considerado el primer ecosistema simbiótico del mundo. Allí, una refinería, una planta farmacéutica y una fábrica de yeso comparten vapor, agua, combustibles y subproductos, creando un ciclo cerrado donde nada se desperdicia.

La Unión Europea, dentro de su Plan de Acción para la Economía Circular, impulsa proyectos para extender este modelo. Entre 2020 y 2025, el programa CORALIS, coordinado desde la Fundación CIRCE (España), desarrolla iniciativas piloto en países como Italia, Austria, Suecia, Turquía y España. En el Valle de Escombreras (Murcia), empresas de los sectores químico, de minerales y del agua ya están demostrando cómo estas sinergias mejoran la competitividad industrial.

En España, el interés por la simbiosis industrial no deja de crecer:

  • En Andalucía, la Junta participa en el proyecto europeo SYMBI, centrado en promover la reutilización de residuos y materias primas.
  • En Galicia, la cooperativa Os BiosBardos transforma residuos agrícolas, ganaderos y pesqueros (como lana o conchas de vieira) en biofertilizantes naturales.
  • En Castilla y León, la empresa Entrepinares reaprovecha el suero sobrante de la producción de queso para alimentar a personas y animales.
  • En la Comunitat Valenciana, el Observatorio de Simbiosis Industrial (OSICV) y la plataforma digital SIMBYLAY facilitan que más de 50 empresas detecten oportunidades de colaboración.
  • En Cataluña, el proyecto Ecoindustria del Delta del Llobregat y la red GRID Granollers, con más de 650 actividades empresariales, impulsan intercambios de energía y materiales entre industrias vecinas.

Otros casos creativos incluyen transformar colchones usados en aislantes, convertir desechos de fruta en zumos naturales, o generar energía a partir de residuos no reciclables mediante valorización energética.

Cada uno de estos ejemplos demuestra que la colaboración entre sectores es posible, rentable y sostenible.

¿Cómo llevar a cabo la simbiosis industrial?

Poner en marcha un proyecto de simbiosis industrial requiere planificación y cooperación. No se trata solo de buena voluntad, sino de seguir un método estructurado que garantice resultados medibles y duraderos.

Estos son los pasos esenciales:

  1. Identificar flujos y oportunidades: analizar qué residuos, subproductos o excedentes genera cada empresa y cuáles podrían tener un nuevo uso.
  2. Buscar sinergias locales: establecer contacto con empresas cercanas y estudiar compatibilidades técnicas, logísticas y legales.
  3. Evaluar la viabilidad: cuantificar costes, beneficios y riesgos. Aquí suele intervenir una entidad coordinadora o un centro tecnológico.
  4. Formalizar acuerdos: establecer contratos claros sobre suministro, calidad y trazabilidad de los materiales.
  5. Medir y mejorar: monitorizar resultados ambientales y económicos para ajustar el modelo con el tiempo.

Una buena práctica es crear plataformas digitales o hubs regionales que actúen como intermediarios, conectando empresas con intereses comunes. Así se acelera la identificación de oportunidades y se genera confianza.

Adoptar la simbiosis industrial no solo es un paso hacia la sostenibilidad, sino una apuesta estratégica por la eficiencia y la innovación. En un contexto global donde los recursos son limitados, cooperar deja de ser opcional para convertirse en una ventaja competitiva.

Transformar residuos en recursos, generar valor local y fortalecer la red empresarial son acciones que construyen el futuro de una economía verdaderamente circular.

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